Cocina

“Hace día de gachas…”

… y es que estamos en pleno Otoño. Días de viento, lluvia… Por aquí en La Mancha, en esos días especialmente desapacibles, decimos que “hace día de gachas”.

Las gachas, plato típico manchego, rodeado de un protocolo cuasi inquebrantable. Hoy algunos las pueden llamar de mil maneras, algun rebuscado les ha llegado a llamar “espuma de harina caramelizada con pimentón y ajos confitados”. Ahí os lo dejo…

A continuación os dejamos un tratado con las instrucciones para su elaboración y para su posterior consumo:

Sí, gachas existen muchas y en muchos países. En las regiones manchegas hay dos tipos, las más extendidas tienen por nombre científico “pudin de harina de almortas con aromas de cerdo y ajo”. Nouvelle cuisine de tiempos inmemoriales.

También estas gachas tienen diferentes formas de hacerse, según las carnes que se usen mayormente. Pero en cualquier caso son todas iguales en los siguientes aspectos:

-Es un plato de sencillez teórica pero que requiere una precisión casi farmacéutica si no queremos tener que tirarlas antes de empezar siquiera a comer.

-Se prepara en muy poco tiempo, en una sartén grande y, si puede ser, con leña, y ya puestos, de sarmientos y cepas. Por esta constitución y la imposibilidad de ser removidas en sus últimas fases de preparación provocan que se produzca una especie de socarrat en el fondo, vulgarmente conocido como “lo pegao” y muy apreciado por la mayoría de la población manchega.

-Si se enfrían la has cagao. Si las comes nada más salir de la lumbre, has muerto. Por lo tanto hay que ser un habilidoso comensal para que la experiencia sea lo suficientemente gratificante. Algunas personas han desarrollado un paladar antipirético que le permite empezar a comer antes que nadie, por lo tanto, más.

-Una vez preparadas, el cambiar el producto del recipiente en el que fueron preparadas a otro es motivo de aplicación de insultos varios, dudas sobre la orientación sexual del ejecutor, y hasta agresión física a una mano en el cuello, ya sea una guatá tonta o un hostión a rodabrazo.

-Todo esto hace que el rito de la manducatoria consista en poner la sartén en medio de un corrillo (normalmente con patas [la sartén]) donde los comensales sentados en sillas bajas de madera y esparto disponen de una servilleta o más bien pañuelo de hierbas extendido en la pierna izquierda, cerca de la rodilla donde se apoya la mano del mismo costado la cual a la vez sujeta un cantero de pan directamente proporcional al volumen del comensal con respecto al resto de comensales y el total de pan disponible. La diestra sujeta una navaja MUY BIEN AFILADA. No se puede cortar el pan y que la sopa tenga picos (irregularidades) o que el roce de navaja y la hogaza provoque que caigan migas al suelo.

-Las sopas, pinchadas en la navaja se sumerge en la sartén. Los límites del espacio vital de cada comensal trazan dos lineas imaginarias y equidistantes que se cruzan en el centro de la sartén: todo el área que describen esas líneas corresponden a tu ámbito de acción y maniobra. Se tratan de fronteras inquebrantables hasta que algún vecino inmediato no dice: “pues me parece que por hoy yo ya he comío”.

-Los picos en las sopas están prohibidos debido a que estos, al sumergirse en el denso pudin, pueden resquebrajarse del cuerpo de la sopa, dejando tropezones del pan absolutamente antiestéticos e indeseables.

-El no cumplimiento escrupuloso de todas y cada una de estas normas son motivo de enfado a tiempo indefinido, desde malestar general hasta retirar el saludo indefinidamente, además de exclusión social. Dependiendo de la edad y posición social se pueden ejecutar también las penas de guantazo y manotá o revés a rodabrazo. El refranero condensa muy bien toda esta normativa en una sola frase:

No me jodas Baldomero y come gachas en tu lao, que he echas los erramagiles por comete lo pegao!

Ej. “¿Ande vas con tanta prisa? ¡Eh! ¡Que paice que vas convidao a gachas!”. Eso es llevar mucha prisa, porque como hemos dicho, no puedes llegar y que estén frías o que ya se las hayan comío los otros. Además no hay nada que le guste más a un tomellosero que comer, y si es d’a ná, más otavía.

¿Y con que vino os las tomaríais?

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Jesús

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